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Rigor clínico para tus huesos y movilidad

Evaluación del riesgo de caídas: protocolo clínico y preparación de pruebas funcionales

Un tropiezo al girar, el pie que se queda atrás al levantarse o la necesidad de agarrarse a los muebles para caminar son señales que conviene explorar.

Actualizado15 de octubre de 2026
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Evaluación del riesgo de caídas: protocolo clínico y preparación de pruebas funcionales

En consulta, reducir la valoración a una pregunta —«¿se ha caído?»— deja fuera datos decisivos: cuántas veces ocurrió, qué estaba haciendo la persona, si pudo levantarse y qué factores pueden corregirse.

Un protocolo clínico de evaluación del riesgo de caídas debe ordenar esas piezas y conducir a una decisión concreta: qué valorar, qué prueba tiene sentido y qué intervención necesita cada persona. El test Timed Up and Go (TUG) puede aportar información sobre movilidad y equilibrio, pero su resultado no basta por sí solo para estimar el riesgo individual.

1. Empieza por la historia de caídas

Antes de pedir una prueba funcional, reconstruye el episodio. Pregunta por las caídas del último año y concreta cuándo sucedieron, qué movimiento las precedió y qué consecuencias tuvieron. Una caída al levantarse de la cama orienta la exploración de forma distinta a un tropiezo durante la marcha o a una pérdida de estabilidad al girar.

Registra también si hubo lesión, si la persona necesitó atención médica, si perdió el conocimiento y si pudo incorporarse sin ayuda. Estos datos cambian la prioridad de la valoración. Pregunta por el miedo a volver a caer y por las actividades que ha dejado de hacer: caminar fuera, ducharse sin apoyo o levantarse de una silla. La evitación puede reducir la actividad y hacer que la marcha y la fuerza se deterioren todavía más.

Para el cribado en atención primaria, la ficha STEADI de los CDC organiza la actuación en tres pasos: identificar el riesgo en personas de 65 años o más, valorar los factores modificables y la historia de caídas, e intervenir sobre lo que se detecte. Es una estructura útil para no quedarse en un sí o un no.

NICE recomienda ofrecer una evaluación y manejo integrales a quienes hayan sufrido una caída durante el último año y cumplan al menos uno de estos criterios:

  • Viven con fragilidad.
  • Han necesitado atención médica por una lesión relacionada con la caída.
  • Perdieron el conocimiento durante el episodio.
  • No pudieron levantarse sin ayuda.
  • Sufrieron dos o más caídas en ese periodo.

Si hubo una caída durante el último año, pero no se cumple ninguno de esos criterios, NICE recomienda valorar la marcha y el equilibrio. Cuando se detecta una alteración, corresponde ofrecer un programa de ejercicio preventivo y considerar una evaluación de los riesgos en el domicilio.

La historia de la caída marca el punto de partida; la decisión clínica depende también de cómo camina y de qué obstáculos encuentra esa persona.

2. Valora los factores que modifican la estabilidad

La valoración de la estabilidad postural en personas mayores no consiste en observar únicamente si se mantienen de pie. Hay que seguir el movimiento: incorporarse, iniciar la marcha, cambiar de dirección, detenerse y volver a sentarse. Fíjate en la base de sustentación, la simetría de los pasos, la velocidad, el control del tronco y la capacidad de ajustar el equilibrio cuando cambia la tarea.

En una evaluación integral, NICE incluye marcha, equilibrio, movilidad y fuerza muscular, además de medicación, examen neurológico, visión, calzado y estado de los pies, continencia urinaria y riesgo de osteoporosis. Cada elemento puede aportar una explicación distinta. Una alteración neurológica puede modificar el control del paso; una visión deficiente puede dificultar la detección de desniveles; un calzado inestable puede hacer que el pie pierda agarre. La revisión debe conectar esos hallazgos con las situaciones concretas de la persona.

La medicación merece una revisión clínica ordenada. Comprueba qué toma la persona y si ha habido cambios recientes; si aparece una posible relación con mareos, somnolencia o inestabilidad, el ajuste corresponde al profesional prescriptor. No retires ni modifiques tratamientos por cuenta propia.

Pregunta también por síntomas al pasar de tumbado o sentado a de pie. Si aparece sensación de desvanecimiento, visión borrosa o debilidad, anótalo y comunícalo al equipo sanitario. La hipotensión ortostática puede formar parte de la valoración, pero su confirmación requiere una medición y un criterio clínico adecuados. No deduzcas un diagnóstico solo por el relato.

Durante la exploración, adapta la tarea a la capacidad observada y prioriza la seguridad. Si la persona necesita apoyo para completar una transferencia, no le pidas que repita el movimiento sin supervisión para obtener una medida más limpia. Registra qué ayuda utilizó y qué parte del gesto le costó: empujar con los brazos, estabilizar el tronco, cargar el peso sobre una pierna o iniciar el primer paso.

3. Usa el TUG como una pieza de la valoración

El Timed Up and Go es una prueba funcional que aporta información sobre movilidad y equilibrio. En términos generales, la tarea consiste en levantarse, caminar, girar, regresar y sentarse; para administrarla, sigue el protocolo validado que utilice el centro y deja constancia de las condiciones. La información disponible no establece aquí una preparación completa ni una única configuración universal, así que no improvises medidas o instrucciones y después compares ese resultado con referencias obtenidas bajo otro protocolo.

Antes de empezar, confirma que la persona entiende la tarea y puede realizarla con seguridad. Prepara el espacio siguiendo el procedimiento local, retira obstáculos y mantén una posición de supervisión que permita intervenir si pierde estabilidad. Registra el calzado y cualquier ayuda de marcha empleada. Si hay dolor, fatiga, mareo o una limitación que altere la ejecución, anótalo: el tiempo, sin ese contexto, puede inducir a error.

La American Physical Therapy Association describe tres variantes:

  • Tarea única: la persona completa el recorrido sin una tarea adicional.
  • Tarea cognitiva: realiza el recorrido mientras atiende a una demanda cognitiva.
  • Tarea manual: lleva a cabo el movimiento mientras manipula o transporta un objeto, de acuerdo con el protocolo aplicado.

Elige la variante según la pregunta clínica y la capacidad de la persona. No añadas una tarea dual solo para hacer la prueba más exigente: puede cambiar la demanda y dificultar la interpretación. Si la persona necesita una ayuda técnica habitualmente, la valoración debe reflejar una situación segura y documentada, en vez de forzar una marcha sin apoyo.

El tiempo registrado es un dato, no un diagnóstico. La APTA advierte de que el TUG no debe utilizarse de forma aislada para medir el riesgo de caída en adultos que viven en la comunidad; debe integrarse con otras medidas dentro de un cribado multifactorial. Tampoco hay un punto de corte universal que permita clasificar a todas las personas mayores con independencia de su estado funcional y del protocolo utilizado.

Interpreta el resultado junto con la observación del movimiento: ¿se levanta con impulso?, ¿necesita varios pasos para girar?, ¿pierde velocidad al cambiar de dirección?, ¿busca apoyo con la mano? Una ejecución lenta puede deberse a diferentes factores; el patrón ayuda a decidir qué explorar después.

4. Convierte los hallazgos en un plan de intervención

Una valoración clínica tiene que acabar en acciones vinculadas a los factores identificados. Si la dificultad principal aparece al levantarse, trabaja la transferencia y la fuerza funcional con una progresión adecuada. Si el problema se concentra en giros o cambios de dirección, practica esas tareas con supervisión y ajusta la dificultad a la estabilidad observada. Si hay alteraciones de marcha y equilibrio, NICE recomienda ofrecer un programa de ejercicio preventivo.

La OMS incluye entre las estrategias de prevención el entrenamiento de marcha, equilibrio y función, el tai chi, la evaluación y adaptación del domicilio y las intervenciones multifactoriales individualizadas. La selección depende de la situación clínica: no todas las personas necesitan el mismo programa, y una intervención aislada no corrige necesariamente todos los factores que elevan el riesgo.

Para orientar el plan, vincula cada hallazgo con una medida concreta:

Hallazgo clínico o funcionalAcción que puede orientar
Dificultad para levantarse o sentarse con controlValorar fuerza funcional y practicar la transferencia con supervisión.
Inestabilidad al caminar o girarExplorar marcha y equilibrio; ajustar el entrenamiento a la tarea que provoca la pérdida de control.
Mareo al ponerse de pieComunicarlo al equipo sanitario para una valoración clínica; no atribuirlo automáticamente a una causa concreta.
Visión reducida o problemas en los piesSolicitar la valoración pertinente y relacionar el hallazgo con las demandas de marcha.
Tropiezos dentro de casaConsiderar una evaluación del domicilio y corregir los obstáculos identificados.
Uso inseguro o inadecuado de una ayuda técnicaRevisar con un profesional si el dispositivo y su manejo son apropiados para la persona.

La revisión del hogar debe fijarse en los puntos donde se produce la pérdida de estabilidad: recorridos estrechos, cambios de nivel, superficies resbaladizas, iluminación insuficiente o elementos que obligan a rodear obstáculos. Pregunta dónde ocurrió la caída y reproduce mentalmente la secuencia: desde qué posición empezó, hacia dónde se desplazó y qué encontró bajo los pies. Esa información da prioridad a las modificaciones. La evaluación domiciliaria debe considerar los riesgos reales del espacio y las capacidades de quien lo utiliza.

El calzado y las ayudas de marcha también requieren una decisión individual. Comprueba si la persona usa el dispositivo de forma habitual y si sabe colocarlo y maniobrar con él. No recomiendes una ayuda técnica solo porque la marcha parezca insegura en una observación breve. La elección y el ajuste deben tener en cuenta la movilidad, el entorno y la capacidad de manejo. La evidencia recogida aquí no permite atribuir una reducción concreta de caídas a un modelo de calzado o dispositivo.

Una intervención útil responde a un hallazgo observable y se adapta a la marcha, la salud y el entorno de la persona.

5. Cierra la valoración con seguimiento

Deja escrito qué ocurrió, qué observaste y qué decisión tomaste. Registra el número y las circunstancias de las caídas, las lesiones o consecuencias, los factores explorados, el método utilizado para valorar la movilidad y las ayudas presentes durante la prueba. Si aplicaste el TUG, anota la variante y las condiciones relevantes conforme al protocolo del centro. Así podrás interpretar la evolución con más criterio y evitar comparar medidas obtenidas de maneras distintas.

Acuerda el siguiente paso con la persona: iniciar o ajustar ejercicio, revisar un factor clínico, valorar el domicilio o derivar para una evaluación más completa. Explica qué señales debe comunicar al equipo sanitario, especialmente nuevas caídas, pérdida de conocimiento o incapacidad para levantarse. La frecuencia del seguimiento debe ajustarse a los hallazgos y al plan asistencial; no se puede fijar un intervalo único a partir de los datos disponibles.

La ruta clínica es sencilla de recordar: reconstruye la caída, identifica quién necesita una evaluación integral, explora los factores modificables y utiliza las pruebas funcionales como parte de una valoración más amplia. El TUG ayuda a observar cómo se mueve la persona. La historia, la exploración y el entorno indican qué hacer con esa información.

Preguntas frecuentes

¿Qué información sobre las caídas anteriores se debe registrar en la consulta?
Conviene preguntar por las caídas del último año, cuándo sucedieron, qué movimiento las precedió, qué consecuencias tuvieron y si hubo lesiones o pérdida de conocimiento.
¿Cuándo recomienda el NICE una evaluación y manejo integrales?
Se recomienda a quienes hayan sufrido una caída en el último año y vivan con fragilidad, hayan necesitado atención médica por una lesión, perdieran el conocimiento, no pudieran levantarse sin ayuda o sufrieran dos o más caídas en ese periodo.
¿Qué elementos incluye la ficha STEADI de los CDC para el cribado?
Organiza la actuación en tres pasos: identificar el riesgo en personas de 65 años o más, valorar los factores modificables y la historia de caídas, e intervenir sobre lo detectado.
¿Qué variantes del test Timed Up and Go (TUG) describe la Asociación Americana de Fisioterapia?
Describe tres variantes: la tarea única, la tarea cognitiva y la tarea manual.
¿Por qué no se debe utilizar el TUG de forma aislada?
Porque no basta por sí solo para estimar el riesgo individual y debe integrarse con otras medidas dentro de un cribado multifactorial.